viernes, marzo 5

UN TESORO EN LA NARIZ

Usualmente aprovecho los largos recorridos en auto entre mi casa y el trabajo para reflexionar sobre los temas más trascendentales de la realidad nacional. Es así cómo me percaté de que el 82% de la gente se hurga la nariz mientras conduce su automóvil. Profundo e incisivo como suelo ser, dediqué no pocas horas a desentrañar los motivos que llevan a los automovilistas a explorar digitalmente sus cavidades nasales. Descubrí tres razones fundamentales:

1. Entretenimiento. Manejar en el tráfico es más aburrido que un torneo de futbol infantil y, aceptémoslo, escuchar por la radio a locutores semianalfabetas disertar con un lenguaje de párvulos sobre temas intrascendentes de los que desconocen casi todo no es una alternativa viable. En cambio, introducir uno, dos o tres dedos en una fosa nasal y abstraerse en la localización, extracción y modelado de secreciones mucosas solidificadas es evidentemente una de las actividades más gratificantes que uno puede llevar a cabo (al menos sobrio, vestido y sin aves de corral).
2. Estética. Sin importar el auto que manejemos o la ropa que llevemos, todos mejoramos nuestra imagen cuando tenemos un dedo en las cavidades nasales. Nada le aporta a nuestro aspecto tanta modernidad, despreocupación y autoconocimiento como escarbarse la nariz. El que se hurga la nariz grita al mundo que no se doblega ante los convencionalismos sociales, que es un rebelde nato (y que desconoce la existencia de los pañuelos desechables).
3. Salud. En una época en la que una simple gripe puede matarnos, lo mejor que podemos hacer es localizar toda materia peligrosa en nuestro sistema respiratorio, hacerla bolita y dispararla fuera de nuestro organismo (y nuestro auto, de preferencia). Si bien es cierto que según los científicos hay 98.7% de probabilidades de que un fragmento quede en nuestras manos después de expeler la esfera mucosa, los mismos expertos afirman que en el 99.6% de los casos un fuerte apretón de manos es todo lo que necesitamos para deshacernos de éste.

Así que la próxima vez que le den la mano a alguien déjense invadir por el orgullo y el entusiasmo: esa inexplicable y húmeda pegajosidad que sienten es lo último en materia de entretenimiento, estética y salud.

10 comentarios:

Morinakemi dijo...

hace como dos días mis amigos me llamaron 'enfermo' porque tengo la manía de lavarme las manos cada hora. me dan asquito los mocos y el sudor de la gente en el metro.

chales, tal vez si estoy enfermo...

Dr. Dulcamara dijo...

Mira que interesante, y yo que creía que se trataba sólo de una cochinada.

Saludos.

Pequeña Saltamontes dijo...

Guácalaaaaaaaaaaaaaaaa...

Y yo con gripe, chale.

Espero que no se me salga un mocasín en público :P

Alnilam ريداي dijo...

jajajajajaja buenisimo el post... ese ultimo consejo lo tomaré en cuenta...

Kyuuketsuki dijo...

Yo siempre me he picado la nariz con singular alegría. ¿Pañuelos? Pffff, eso es para los débiles.

N. dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!

Lo último en entretenimiento, estética, etc.

Jua, me hiciste reír mucho. Ñac.

Juanito Efectivo dijo...

Dicen que con mocos pegaron las pirámides...

Debe ser por eso que no puedo despegar la portada de mi cuaderno de primero de primaria...

Freddy dijo...

¿Don Rulo tiene carro? Quedé impactado.

Sobre los mocos, es parte de nuestro bello cuerpo. Dice Umberto Eco, que el cuerpo es un saco de pus, excrementos y demás secreciones, y la piel, el adorno.

Y lo bueno es que por ir en auto propio sólo te toca ver cómo el otro se saca el moco, pero uno que viaja en metro le toca a veces oler lo pedos y sudores.

Saludos

Ana María Mesa Villegas dijo...

Eso del modelado de mocos me hizo pensar en un pequeño chavo del ocho... seguro estoy revolviendo varios temas en mi cabeza: Acá en Colombia alguna vez que vino Roberto Gómez Bolaños, alguien le regaló un chavito diminuto en madera; y que un mexicano hable del modelado de los mocos, me trae esa como la primer imagen a mi cabeza, un chavo de mocos... Tal vez juntando años de mocos, la figura tome alguna proporción digna del libro guiness...

Lo del apretón de manos me hizo recordar en cambio una vez que entré a un ascensor y sin mirar los botones presioné el uno, para darme cuenta que alguien había dejado un moco (verde y baboso) pegado justo en ese botón (era el botón lógico para dejar un moco)... tuve el dedo inhabilitado todo el día, aunque me lo lavé con aprehensión, y solo el sueño reparador hizo que me olvidara de esa experiencia tan cercana con el caldo de pus que somos... sobre todo el caldo de pus de no sé quién... eso era lo que más me molestaba, no saber de qué nariz venía el moco...

Pesadilla dijo...

Mis mocos son de oro con circonias

La onda de la interactividat

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