domingo, diciembre 20

MI ENCUENTRO CON SANTA CLAUS

Entré a la enorme oficina y me acomodé en una de las modernas sillas que rodeaban la larguísima mesa. El hombre que me había guiado hasta allá susurró con tono solemne:
–En unos segundos estará con usted.
Acto seguido salió por la puerta de cristal dejándome solo. Unos minutos después entró por esa misma puerta un hombre de voluminoso abdomen y largas barbas blancas enfundado en un llamativo traje de color rojo.
–Supongo que sabe quién soy –dijo sin más preámbulos.
–Santa Claus –respondí sin pensarlo.
Mientras el hombre me miraba en silencio yo me recriminaba que mis estúpidas bromas nuevamente me habían costado un cliente.
–Bien –dijo él al fin–. Se ve que a usted no le gusta andarse con rodeos. Eso me gusta. Vayamos al grano: mi popularidad ha disminuido drástica e ininterrumpidamente durante las últimas décadas. Yo me resistía a aceptarlo, pero finalmente mis colaboradores me convencieron: necesito un asesor que me ayude a cambiar mi imagen.
–¿Por qué yo? –pregunté un poco asombrado.
–Nos gustó lo que hizo por el Niño Dios –respondió el anciano.
–Bueno, aún es un trabajo en proceso –aclaré con humildad.
–Aún así, creemos que usted puede sernos muy útil –insistió el hombre–. ¿Le interesa?
–Bueno, evidentemente es un proyecto muy atractivo –contesté– pero el reto es colosal: hay una tradición de siglos que hay que romper y le advierto que no será fácil. Muchos se opondrán.
–Estamos dispuestos a asumir los riesgos –respondió él con energía–. ¿Por dónde comenzaría?
–Bien –dije enderezándome en mi asiento–. Hay medidas que son urgentes y casi obligatorias. Primero, hay que cortarle la barba y pintarle el cabello de gris: a nadie le gustan los ancianos que quieren parecer motociclista o cantante de ZZ Top.
Santa Claus movió la cabeza con docilidad: al parecer estaba dispuesto seguir mis recomendaciones. Eso me dio valor para continuar.
–Y más que a los viejos, la gente odia a los obesos. Es imperativo que baje mucho de peso: debe verse muy delgado. El traje. –hice una pausa para tomar aire–. ¡Dios, ¿cómo se le ocurre?! el rojo jamás volverá a estar de moda y ya ni las pieles sintéticas se ven bien. Tenemos que cambiarlo por un traje ligero, con mucho vuelo y algo de textura. Un azul marino sería ideal.
El viejo giró la cabeza sobre el cuello: era evidente que se no se sentía cómodo.
–Bajo ninguna circunstancia vuelva a sentarse a un niño en las piernas: no sólo se ve muy mal, sino que puede acarrearle serios problemas legales. Rompa cualquier vínculo con las iglesias y religiones organizadas, nada le hace más daño a su imagen. Diga que es agnóstico o que profesa el New Age.
Santa Claus ya no se movía; sólo me miraba con ojos muy abiertos. Yo continué: estaba inspirado.
–Anuncie que a partir de ahora sólo recibirá cartas de los niños por correo electrónico. Si realmente quiere mejorar su imagen, proclame que sólo dará juguetes educativos, ecológicos y que no promueven la violencia. Deshágase de los renos: es cruel traer a esos pobres animales trabajando toda la noche, mejor consígase uno de esos aviones ecológicos. Podemos llenarlos de logos y conseguir patrocinadores. Los duendes son vistos como enviados del mal, sustituyámoslos por…
–Le agradezco sus ideas –interrumpió el hombre de las largas barbas–. Nosotros nos comunicaremos con usted.
Un poco desconcertado me puse de pie, estreché la mano del rubicundo anciano y salí de la oficina.
Mientras caminaba por las frías calles atiborradas de árboles y adornos navideños pensaba que el verdadero milagro de la Navidad sería que alguien tuviera el valor de convertirla en algo moderno, atractivo y de buen gusto. No puedo afirmarlo, pero estoy casi seguro de que este año tampoco sucederá.

9 comentarios:

Pesadilla dijo...

Vaya, la conclusión humana de un humano es que debemos modernizar la navidad... asì al menos tendrìa algo de interesante... mucho rojo, muchas luces... es taaaaaaaaaaaaaaaaan 80`s, hay q llegar a los adornos blancos con reflejos onda Mac.

Bueno, como sea, saludos

ge zeta dijo...

Ni éste ni el próximo.

Qué genial post.

Saludos.

Seltziny dijo...

Jajajaja oink jajajaja

Beso la pantalla cada vez que te leo!

Las tradiciones no terminaran jamás y que bueno porque me gusta mucho el ponche y si las seños no se emocionaran tanto en diciembre, no harian de comer :(

madreselvas dijo...

JOJOJO Me hizo reír mucho tu modernización de Santa, un look a la George Clooney le quedaría bien.

N. dijo...

Y yo pensaba que Santa Clause con Tim Allen creaba una imagen demasiado moderna de Santa.

¡Santa existe! ¿Ok?

Lo que pasa es que está amargado porque el mundo apesta.

Sniff.

Kyuuketsuki dijo...

LOL, eso no sucederá nunca de los jamases. Por otra parte, el aspecto de santa claus... no, tienes razón. Parece un pervertido con tantos niños en las piernas, eeeewww.

Amanita dijo...

Jajaja, seguro aumentaría su popularidad con tanto chunche ecológico. Es lo de hoy.

eltauromquico dijo...

Me parece que la idea de modernizar a ese viejo, es mala idea, dejemos que los imbeciles sigan en su imbecibilidad del espiritu navideño.

saludos

por si mi blog apesta mejor no pongo nombres dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

La onda de la interactividat

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