domingo, abril 6

LA PUBLICIDAD MEXICANA

¿Ustedes saben por qué la publicidad es considerada después del baile tubular y la cirugía esterilizadora, la profesión más importante en nuestro país?

Claro, responderán ustedes, se debe a que la publicidad nos hace ver que necesitamos un montón de cosas y nos muestra lo absurdas que son nuestras vidas sin determinados productos. Por ejemplo, sin la publicidad no sabríamos que…

…si no usamos cierto champú (sí, así se escribe en español) nuestro cabello jamás flotará suavemente y en cámara lenta cada vez que volteamos.
…si no comemos determinados panecillos esponjosos abundantes en calorías y carbohidratos nunca estaremos llenos de alegría y energía en el trabajo y la escuela.
…si no nos lavamos los dientes con una específica marca de pasta dental nuestra sonrisa jamás será un sustituto válido para un foco de 100 watts.
…si no contratamos un teléfono celular con la compañía adecuada no estaremos permanentemente en la playa rodeados de sonrientes jóvenes de cuerpos esculturales.
…si no tenemos determinado automóvil jamás conduciremos vestidos de smoking y acompañados de una bella rubia, por carreteras vacías rodeadas de árboles y montañas.

No, argumentaré yo, eso hace a la publicidad la conciencia de nuestra sociedad, pero no la profesión más importante.

Ah, contestarán ustedes, entonces se debe a que la publicidad enriquece nuestras vidas asegurándose de que estemos donde estemos podamos disfrutar de alguna perla de creatividad, sensibilidad y buen gusto. Como esos anuncios que muestran diversas historias en que se equipara a quien compra productos piratas con un asesino serial, un violador de menores o un secuestrador de monjas. Spots que para mayor efectividad son transmitidos en las salas de cine y en las películas que uno renta, es decir, precisamente a aquellas personas que están pagando para no consumir piratería.

No, replicaré yo un poco molesto, eso le da sentido estético a nuestra vida, pero no hace de la publicidad la profesión más importante.

OK, OK, continuarán ustedes, entonces es porque la publicidad nos regala a los publicistas, a todos esos hombres y mujeres de talento desbordante, agudo ingenio y sobre todo, incalculable simpatía. Esos perennes jóvenes cuyo aspecto personal exhibe no sólo su originalidad sino también un rebelde desprecio hacia las normas, las convenciones y el baño matutino. Ellos no son artistas que se ensucian con abstracciones existenciales, ni ejecutivos que se envilezcan con cuestiones mundanas como la eficiencia y la productividad; ellos son la tercera vía, el trabajador del mañana, aquellos en los que el adjetivo se hizo sustantivo: los creativos. ¡Ah, qué delicia contar con su siempre sonriente compañía, su aire ensimismado de genio incomprendido, sus deliciosas extravagancias, sus narices ligeramente empolvadas!

No, interrumpiré enfático y ya evidentemente mosqueado; todo eso hace de la publicidad una de las profesiones más respetadas y honrosas de este país, sólo superada por los abnegados hombres que venden marihuana afuera de las escuelas públicas, tan necesaria para asegurar el buen rendimiento de nuestros estudiantes.

Lo que hace a la publicidad la más importante profesión mexicana es que gracias a los anuncios de televisión hoy en día aún conservamos una de las pocas actividades netamente masculinas que la voracidad femenina nos ha dejado: el cambio de canales. Sin comerciales los hombres no tendríamos argumento alguno para seguir oprimiendo frenéticamente los botones del control remoto. Sin publicidad estaríamos condenados a ver un solo canal a la vez, desafiando toda la lógica de la teoría de la televisión (y de la evolución).

En un mundo perverso y asexuado en que las mujeres trabajan (y cobran) y los hombres cambian pañales, la publicidad es la cúpula que protege uno de los pocos remansos de virilidad que quedan. Así que la próxima vez que salgan a la calle y vean un espectacular que clama: “Bengue es el dueño de mi espalda” o cuando escuchen en el radio que alguien proclama histéricamente: “Soy Telcel”, sonrían, están contribuyendo a salvar la dignidad del hombre.





11 comentarios:

Lilián dijo...

¿Y tienes que restregarlo en la cara? ¿Hay algún propósito oscuro en tu post? Y más aún: ¿de qué te quejas, señor Publicista-Creativo-Hace-de-todo y a veces Hasta-vende-mole-los-domingos.

Además, bien que sabes que eso no demuestra su virilidad: BOFETEAR a la pobre insulsa que ose dejarle al canal estático... ESO prueba la virilidad de los hombres.

A veces yo soy un panda dijo...

jaja. Yo formo una pequeña parte de la publicidad, de la cadena alimanticia de la publicidad, yo estoy como enmedio, entre el "creativo" y el "staff". Me tocó ser "talento"...jojo, en las filmaciones, si eres talento te toca comer de la barra de ensaladas y el bufette, no como a los "extras" a ellos si les va de la patada, les dan su lonchybon y su bonafina de naranja y comen sentados en el piso, porque las sillas son para los cretivos y el talento, clasismo y razismo publicitario. Definitivamente el rey de esta cadena alimenticia es "el cliente". Ese si goza al máximo de todos los privilegios.
cuando transmiten alguno de los comerciales en los que salgo tengo la implacable necesidad de cambiarle inmediatamente...¿me estaré masculinizando? ¿será que mi cromosoma final x está perdiendo una de sus patitas para hacerse y? si me sale barba te aviso.

kar dijo...

así que te dedicas a la publicidad...y a cambiar de canal al mismo tiempo? me gustó el post

Latamoderna dijo...

Hola, señores... me llaman La Lata, pero en realidad soy un hombre...

Raúl Ernesto dijo...

No veo televisión... ¿está en duda mi virilidad por que no tengo necesidad siquiera de usar un control remoto?

Triquis dijo...

Creo que la publicidad es una de esas cosas que nos separan de los animales.

Saludos

Bada dijo...

por un momento pensé k ibas a decir "rascarnos las pelotas" en lugar de lo del control de la tv...
me alegra k no haya sido asi...

Cielo dijo...

Sabias palabras Don Rul!

tu chica yeye dijo...

de entre tantas profesiones inutiles la publicidad es una de ellas...

Efímera dijo...

Mmm ¿eres misogino?

El D1eg0 dijo...

Y aún así, no me avergüenza mi profesión...

La onda de la interactividat

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